Vivimos y guardamos sentimientos

Vivimos y guardamos sentimientos

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El ser humano considera extraña la vivencia de la experiencia mística puesto que, cuando actúa o cuando piensa, siempre atesora algo para sí. En lo más recóndito de nosotros mismos custodiamos siempre el pasado o el futuro, vivimos guardando algo de tiempo por si acaso la circunstancia del afecto cambia. Vivimos y guardamos sentimientos para otra ocasión, para otro lugar, para otra persona. Estamos a la espera de encontrar un momento propicio para darlo todo y, sin embargo, siempre estamos en deuda con entregarlo todo. Buscamos una pareja para “darnos” y al final descubrimos que son más los problemas que las verdades que allí encontramos. Con el tiempo, la mano tersa de aquella pareja no nos lleva a ningún sitio, ya no calienta nuestro cuerpo, ya no nos hace sentir aquello que antes sí prendía, y el motivo es que el ser humano siempre se guarda algo para sí mismo, siempre está presto a huir de la entrega total.

Toda persona, en algún momento y de alguna manera, ha querido “darse”, pero cuando ha llegado el momento y la posibilidad de hacerlo ha dudado. De no haber dudado, no estaríamos hoy aquí, constreñidos por un fuego no dado que nos consume.