Sentir y pensar desembocan en la Conciencia

Sentir y pensar desembocan en la Conciencia

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La mística es terriblemente arrebatadora y, sin embargo, posee una condición excepcional: la ausencia de voluntad en el acto del querer. Ello libera del sufrimiento implícito en todo “amor terrenal”. El misticismo es una entrega profunda en la que el sentimiento de yoidad no existe. Es querer sin importar qué se quiere ni a dónde se va, ni si hay meta alguna por lograr. Es querer simplemente la proximidad de Lo Amado.

El misticismo rapta. Secuestra de esta realidad y nos traslada a otra. Crea un nivel de Comprensión extraordinario y único, y este es uno de los puntos que en ocasiones las culturas occidentales no entienden sobre el misticismo: se asume que ese “rapto divino” enloquece, que es un sentimiento que aturde y que entorpece la capacidad de afrontar la cotidianidad. No es así.

El Advaita plantea que la fuente esencial del Conocimiento no deviene del sentir ni del pensar, más bien es la consecuencia de Algo que los sostiene a ambos y que es, a la vez, fuente de Comprensión. Es decir la Comprensión, como acto consciente, es independiente del sentir emocional y es independiente del saber intelectual.

Para el Advaita la Conciencia es una condición que prevalece y es Aquello en lo cual se montan como olas sobre el mar los pensamientos y las emociones. Así pues, tanto sentir como pensar desembocan siempre en la Conciencia. Al igual que todo río desemboca en el mar, todo acto (sentido o pensado) desemboca invariablemente en la Conciencia.

De esa manera, existe una Comprensión mística que es única: llena de todo y carente de nada. Es una Comprensión que llena sin duda alguna y que deviene de la integración con Aquello que se Ama.

Entonces el místico sabe “sin saber por qué sabe”, comprende “sin saber por qué comprende”, pero tampoco necesita planteárselo porque simplemente Ama, simplemente está lleno del Amado en Sí mismo.