¿Quién eres?

¿Quién eres?

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Si yo te preguntase: ¿qué eres tú sin tu historia?, no podrías responder. Para definirte como un ente particular requieres de la historia, de tu propio pasado. ¿Qué eres tú? No me contestes hablando de lo que fuiste, eso no me interesa. Tampoco me interesa el qué serás. No hablemos de lo que serás ni de lo que fuiste, háblame de lo que eres aquí en este instante y ahora.

Eres esa fuerza viva y consciente que no puede definirse. Eres la presencia atenta que sabe sin un entorno limitativo. Eres consciencia sin límites, comprensión pura sin limitante, Eso, es lo que eres. Pero ello solamente se advierte cuando reaccionas de forma sostenida ante el presente.

Si eres diestro en sostenerte reaccionando a las acciones en el presente, notarás que si alguien te pregunta: “¿quién eres?”, podrás contestar sin que alguien conteste, pero serás propietario de la comprensión total de quien afirma: ¡Soy Eso! Habrá respuesta, pero no habrá quién responda; nunca podrás decir: “yo hago”, “yo decido”. Tampoco podrás afirmar “yo tengo libertad”, pues no hay nadie libre, ni nadie que necesite ser libre; no hay esclavitud alguna, excepto la de creer que soy un “yo”.

Sin embargo, ante la dificultad de reaccionar con naturalidad ante el presente de forma espontánea, coherente y verdaderamente discernitiva, lo único que puedes hacer es recordarte y así creer que decides. Creas un “yo” en función de lo que puedes reconocer de tu historia, o en función de lo que puedes proyectarte con ella en forma de futuro. A ese “yo” le das un nombre, le asignas una familia y te atas a las arandelas históricas que recuerdas.

Sin embargo, la pregunta previa es: ¿quién eres?, no quién recuerdas que eres. Tú reaccionas definiéndote a través de tu historia, pues la evocas para contestarme. Pero si, en vez de ello, no evocas los contenidos pretéritos y te sumes en lo que eres, en este instante mismo en que te pregunto, lo único que puedes hacer es quedarte en silencio. No tienes finalmente otra opción que un silencio cargado de presencia viva y no-diferenciada, de presencia intensa y profundamente consciente.

Eso sí es lo que realmente eres. A esa presencia viva, consciente y sin límite le solemos denominar Atman. Atman es lo que experimenta y lo experimentado, mientras ello hace sin hacer; tú ni eres libre ni decides nada.