Práctica interna: del mundo externo al interno

Práctica interna: del mundo externo al interno

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Asumiendo una postura cómoda en un lugar lo más tranquilo posible, ausente de excesivas preocupaciones y sin cansancio extremo que llame al sueño, se deben cerrar los párpados e intentar ir hacia el interior. El cuerpo, por inercia, se recreará en las sensaciones físicas y fácilmente la atención se posará en los ruidos externos, en las sombras oculares o en las piernas, entre otros sitios. Existen infinitos lugares externos posibles donde la atención puede depositarse.

No hay que forzar nada, como tampoco se fuerza el intentar dormir. Poco a poco los sentidos, a causa de su no uso, lentamente se desvanecerán como lo hace una muñeca de sal al ser lanzada al mar. No hay que preocuparse de que los ruidos o demás sones sensibles sigan allí. Con seguridad después de unos minutos la algarabía de los pensamientos será más vital que los sonidos o las sensaciones táctiles. Será entonces cuando la fantasía e imaginación den entrada al espectáculo de la práctica interna.

Notarás lo fácil que es perderse en los sentimientos y en los pensamientos. Pasado más tiempo viajarás a los recónditos mundos de la fantasía y te recrearás con todo tipo de recuerdos e historias, creadas o no a voluntad. La memoria entretejerá un sin fin de cuentos, recuerdos y demás, forjando cadenas de pensamientos reflexivos, dolorosos, gratos o angustiantes.

En ocasionas recordarás cosas vagas o absurdas, rememorarás situaciones casi olvidadas y sin importancia. Viajarás por los océanos de los recuerdos y verás en cada ola un pensamiento, un sentimiento o una emoción. Notarás la turbulencia mental y acabarás impregnado de su humedad, llegando a identificarte y convirtiéndote en cada cosa que pienses.

Sin embargo, no tienes más opción que seguir viajando más profundamente hacia tu interior. Intenta que tu respiración sea acompasada, que existan pequeños intervalos entre inhalación y espiración. Debes respirar de tal modo que la inhalación en tiempo sea mayor que la expulsión del aire, si no te verás irremediablemente impelido al sueño.