Postura y mudras

Postura y mudras

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Usa un sitio que te provea mayor comodidad. Puedes usar una silla o simplemente sentarte en un sofá cómodo. Cuando viajes a tu interior de manera correcta, la actividad sensoria lentamente se desmoronará. Siéntate usando como base un apoyo firme pues así el tacto, como los demás sentidos, desaparecerá y por momentos no sentirás tu cuerpo. Así, para sostenerlo, debes tener una postura adecuada. No temas apoyar la espalda o la cintura, pues la práctica se resuelve a través de un proceso cognitivo y no físico.

El problema no es la postura ni la respiración, sino la correcta disposición al reconocer que se está fantaseando o imaginando. Si logras advertir el instante mismo en que inicia el pensamiento, podrás desencadenar instantáneamente su disolución; ello ocurre sentado, acostado o de pie. Aprende la sutileza de observar tu interioridad con ecuanimidad, con equilibrio; el resto se hace por sí mismo.

Los mudras o posiciones de las manos y brazos no son fundamentales en la práctica interior. Al profundizar en la práctica meditativa, llega un momento en que la apreciación sensoria táctil cesa y el cuerpo desaparece por completo. Lo que tu capacidad consciente no genere, seguro no lo lograrán tus dedos.

Es cierto que manos y brazos permiten forjar posiciones que, por simetría, representan aspectos simbólicos superiores. Pero una mente desatenta y fantasiosa puede realizar tantos mudras como desee que finalmente decaerá al sueño, al cansancio físico, a la fantasía o a la creación de más hábitos mentales condicionantes.