La respiración en la práctica meditativa

La respiración en la práctica meditativa

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Existen técnicas de pranayama, cuyo fin es preparar, mediante el control adecuado de la respiración, estados profundos de Observación, Concentración o Meditación.

Evidentemente, la técnica de convertir a la atención en objeto de su propia atención, no es la práctica más frecuente ni la más sencilla de lograr; requiere de un altísimo nivel de control interior. Sin embargo, antes de lograr estados profundos de No-dualidad, los estudiantes suelen necesitar peldaños que les lleven paso a paso al encuentro con el Ser.

Normalmente, al inicio de la práctica interna, es difícil disminuir la agitación de los vrittis, de los pensamientos. La mente sumida en la vorágine del pensar y sentir, trae todo tipo de recuerdos que vertiginosamente se confunden los unos con los otros. Para ralentizar la mente se requiere, en algunas ocasiones, en los estudiantes que no tienen una estructura mental adecuada, un paso previo de la atención a la respiración; ello calma un poco la mente.

Pero ha de entenderse que atender a la respiración es una práctica de meditación externa. Atender la respiración implica activar cualquiera de los cinco sentidos que se requieren para detectarla. Tacto, olfato y gusto son órganos sensoriales externos. Puedes trasladarte al objeto externo de la respiración y estar continuamente atento al flujo respiratorio.

Deberás advertir continuamente el aire pasando por tu nariz, notar la expansión de tu pecho al ritmo que acontece en todos los movimientos que provoca. La atención ha de estar en la respiración, jamás en quien respira.

Si has optado por una postura que intenta indagar en la meditación interior, entonces finalmente la practica de atender la respiración te llevará a su simetría interior: un lugar donde los pensamientos aparecerán a la distancia; allí notarás el inmenso vacío entre quien observa y lo observado. Dicho cambio es automático, simplemente ocurre. Pasarás de estar muy atento a la respiración a percibir el vacío del no pensar.