Ética y Advaita

Ética y Advaita

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El dilema de la acción ha acompañado a los humanos desde siempre. ¿Qué es lo que es correcto hacer y qué es lo que no? ¿Qué es bueno? ¿Qué es malo? A lo largo de la historia ha habido diferentes intentos de respuesta a este dilema, pero la mayoría de ellos, sobre todo en Occidente, han adolecido del mismo problema: han pretendido sustentar la solución en una categorización de las acciones por sí mismas. Así, se promulga una normativa, unos preceptos, es decir, una moral preestablecida que sirva como guía para saber a qué atenerse en este complejo tema. Sin embargo, esa misma normativa termina revelándose con el correr de los tiempos en fuente de más problemas.

Si la misma palabra “moral” proviene de mos, moris “costumbre”, se entiende la naturaleza relativa de todo intento preceptivo. Lo que era malo hace tiempo, resulta aceptable ahora y viceversa: cosas que merecían una condena, ahora se toleran o incluso se alientan. Igualmente ocurre desde una perspectiva espacial: lo que es rechazable aquí se acepta en otras partes y al revés. La moral, de esta manera, se revela como una herramienta altamente ineficiente a la hora de determinar la validez de la acción, dado su carácter eminentemente relativo. Además, cabe señalar los innumerables conflictos que ha generado la pretendida superioridad de unos códigos morales sobre otros a lo largo de la historia tanto a nivel individual como sobre todo colectivo.

Frente a este panorama nada alentador, el Advaita esgrime una solución radicalmente diferente, novedosa para los occidentales y definitiva: se plantea que la ética correcta, la ética definitiva, sea la consecuencia natural y espontánea asociada a un nuevo paradigma epistémico al que se le llama No-dualidad. ¿Qué quiere decir esto? Que si el perceptor no se percibe a sí mismo diferenciado de lo percibido, necesariamente generará una ética natural que le llevará, entre otras cosas, a no dañar a aquel o a aquello que no percibe como diferente.

Este nuevo paradigma nace, sencillamente, desde otro planteamiento: qué es la Conciencia. Este nuevo modelo implica un replanteamiento en primera instancia de la epistemología, de la teoría del conocimiento, y por ende, de la metafísica y de la ética. No se plantean otros mundos, otros arcanos escondidos, otras realidades cuyo acceso nos está vedado sino que se le da a cada quién la herramienta fundamental, en forma de atención presencial, para que por su propia mano modele su realidad perceptiva y viva así la experiencia profunda de la No-dualidad.

No se plantea moral, dogma ni ritual. No se plantea doctrina alguna. El único axioma que se establece, no como dogma sino como propuesta de experiencia, es la No-dualidad. Desde ahí se construye una comprensión de la realidad que hace válida cualquier acción siempre que esté asociada a un presente no buscado.