La corona suprema de la percepción

La corona suprema de la percepción

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Lo paradójico de la naturaleza del samadhi es que el universo entero sigue siendo lo que es; ningún evento, nada de lo existente deja ni por un instante de ser lo que es. Allí, en lo conocido, todo está extrañamente unido, integrado, incluido el perceptor, configurándose un maravilloso abismo donde la totalidad y la parte nacen de lo absoluto, donde se pierde la condición cognitiva de diferenciación de los objetos, se pierde la condición de la individualidad pero, sin embargo, se mantiene la identidad. Los objetos conservan la identidad que les determina ser lo que son, lo que han sido y serán, pero exentos de la condición de individualidad. La individualidad ya no es partícipe de ellos y toda la identidad que los conforma se consume en el unísono de una percepción, de un torrente de vitalidad, de integración, que genera una realidad impensable e inimaginable, una eclosión del corazón, una explosión de sentimiento de algo que limitadamente llamamos “amor”. El samadhi se concreta como una expresión irreconciliable de amor, de integración de todas las cosas en todas las cosas, una vivencia que no cabe en el pecho, un torrente de infinitud en la infinitud. A dicha integración de eventos, a esa polifacética e infinita suma de circunstancias conocidas simultáneamente es a lo que llamamos samadhi, la corona suprema de la percepción, basada en la definición de que la Conciencia, por Sí misma, es un continuo no-dual. Ello es la Realidad