La causa de todo sufrimiento humano

La causa de todo sufrimiento humano

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Desde el punto de vista de la “habitualidad”, la mente se parece al cuerpo. Si acostumbramos a este a un cierto alimento, surge la tendencia a repetir su ingesta. Si acostumbramos a la mente a un tipo de reacción, nos haremos dependientes del refuerzo que se experimenta por los pensamientos recurrentes, al igual que ocurre en los casos particulares de la drogodependencia o el alcoholismo: lo que ahora llamamos “pensamientos”, “emociones”, “sentimientos” o “pasiones” son hábitos, esto es, son tipos de respuestas que tenemos como individuos ante la suma de estímulos con los cuales nos enfrentamos a diario. Son formas de respuesta que se han configurado con base al refuerzo y la repetición cuando reaccionamos ante diversos aspectos de la vida. Los hábitos estructuran la mente y definen el tipo de organización cultural en la que nos desenvolvemos.

La estructuración de hábitos ocurre igualmente en los animales. Sin embargo, debido a que los constituyentes de su mente varían en la calidad de gunas que la conforman, los animales reaccionan con un razonamiento más precario y una memoria más instintiva. En este caso los instintos no son otra cosa más que hábitos preeminentes y básicos colectivos o de raza, gracias a los cuales reaccionan como parte de un grupo al que pertenecen.

Así, entonces, en principio es prácticamente imposible vivir sin respuestas habituales. El hecho mismo de que el “yo” exista implica, para su supervivencia, la presencia de hábitos como mecanismo de respuesta ante el entorno y ante sí mismo. Gracias al hecho de construir respuestas previamente establecidas podemos sobrevivir, por ello los hábitos son una expresión necesaria para la subsistencia de la individualidad. El gran inconveniente de todo hábito es que, finalmente, su autoafirmacion implica la cesación de toda reacción diferente a la que él requiera. En conclusión: los hábitos no solamente inducen la subsistencia de la individualidad sino que, por su autoafirmación, impiden que cualquier otra forma de vida acabe conviviendo en su compañía; de hecho, los hábitos devoran a los restantes pensamientos. El hábito es, en definitiva, la causa de todo sufrimiento humano.