La acción no es consecuencia de ella misma

La acción no es consecuencia de ella misma

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El concepto de karma es la gran diferencia entre la ética occidental y la oriental. Karma es el término que denota la relación entre pasado, presente y futuro; es el eslabón que une los tiempos; la relación inmediata que aparece cuando el sujeto experimentador se asocia a la acción mediante identificación y encadena la causa con su consecuencia.

Para algunos sistemas occidentales, la acción es un ente cualificable y cuantificable, a tal punto que la axiología intenta categorizar la acción buscando los elementos primarios que motivan la conducta de un sector social, o bien intenta encontrar el “valor” del objeto intencional de un juicio o una acción. A su vez, la ética y la moral promulgan conductas acordes a valores predeterminados.

Para el Advaita, la acción es una de las infinitas manifestaciones de la conciencia. El gran inconveniente radica en presuponer de base que acción y actuante difieren. La conciencia No-dual es un continuo en el que están inmersas todas las condiciones potenciales de existencia, tal como en una joyería están expresadas las múltiples formas con las que se moldea el oro. La acción no es consecuencia de ella misma; es tan solo la actividad dinámica de la conciencia No-dual. La acción por sí misma no es un problema, ni su naturaleza es un dilema; la problemática de la acción nace en el momento que aparecen actor y acción vistos como diferentes uno de otro. Cuando se advierten diferentes actor y acción, como un entretejido del mundo dual, es cuando avecinamos el problema, pues intentamos justificar cuál de ambos, sujeto y objeto, son el origen y causa de su razón de ser.