Hablar y pensar

Hablar y pensar

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Existe una relación biunívoca entre hablar y pensar. Solo podemos hablar sobre aquello en que podemos pensar. De igual manera, solo podemos pensar en cosas que podamos hablar. Hablar de la mente es como hablar del lenguaje, hablar del lenguaje es como hablar de la mente. Para aclarar la naturaleza de la mente echaremos mano del lenguaje, puesto que este es una actividad más conocida.

En el lenguaje denominamos «verbos» a la capacidad de realizar cualquier tipo de acción. Así, caminar, comer, sentir o pensar son modalidades tipificadas que el lenguaje define como acciones. El lenguaje define igualmente a las sustancias, es decir, a todo aquello que posee una estructura, una conformación medible, y lo denomina “sustantivo”. Son ejemplos de ello los sustantivos “casa”, “cuerpo”, “cielo”, etcétera.

Dentro de los verbos solemos usar el término “infinitivo” para nombrar una acción sin ser referida a ningún tipo de actor. Por ejemplo, usamos “caminar en infinitivo, mientras que hablamos de: “caminas en segunda persona, o “camino, término acuñado en primera persona del singular. En resumen, los verbos pueden expresarse en infinitivo o declinarse en cualquiera de los pronombres personales.

La vida cotidiana de un ser humano está acompañada frecuentemente de la personalización de todas sus acciones. No importa qué tipo de acción se realice, siempre aparece el yo, el tú o cualquiera de los posibles dueños que se establezcan en propiedad. Por eso el Advaita plantea que la mayoría de las personas no conoce lo que es reaccionar al presente. Las personas asemejan su presente a afirmar tácitamente que ellos ven, caminan o actúan, cuando en cualquiera de esas definiciones ya hay una declinación verbal, esto es, un sentido de personalización. Dicho sentido de personalización aboca a que el individuo esté siempre supeditado a fantasear o imaginar.