Gunas y devas

Gunas y devas

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Ha de existir un orden establecido que simplemente reacciona a la suma de eventos y desencadena las consecuencias de manera lógica y eficiente. A nivel cósmico, y desde una perspectiva religiosa, los orientales dieron a las energías que rigen los destinos del universo y las acciones humanas el nombre de devas1; serían los motores involuntarios que rigen los destinos de la evolución y de la acción.

Estudiante: ¿Los dioses son el motor inmóvil e inteligente de todo movimiento?

Sesha: Reconoces la ley gravitatoria como el instrumento que origina atracción entre los cuerpos poseedores de masa.

E: Sí, la ley de la gravedad opera sobre todos los cuerpos del universo entero, generando un sentido de atracción entre ellos.

S: Exactamente. ¿Consideras la ley gravitatoria como una expresión inteligente y carente de expresión volitiva propia?

E: No te entiendo.

S: El hecho de que la ley de la gravedad se exprese mediante ecuaciones newtonianas o relativísticas induce a pensar que opera con un control perfecto sobre toda masa que ocupe un espacio. Dicho orden gravitatorio es tal gracias a que matemáticamente podemos expresar su funcionamiento. Las leyes de la gravedad operan universalmente; su descripción matemática está basada en la descripción consistente de las experiencias de la física.

E: Sí, así es.

S: El hecho de que la gravedad se formule bajo ecuaciones matemáticas que describen su comportamiento universal lleva a pensar que existe un sentido profundo de orden en el universo físico. ¿Este hecho de universalidad no implica acaso una expresión inteligente de la naturaleza misma?

E: Se lo podría llamar así, efectivamente: la naturaleza se expresa con un orden riguroso que le permite a la gravedad describirse en el lenguaje matemático.

S: Sin embargo, la ley gravitatoria es homogénea y uniforme, esto es, no opera desde una perspectiva voluntaria de nadie externo, ni contraría nunca a la ley misma; es decir, no depende de la voluntad de nadie, ni de dioses ni de hombres, simplemente opera bajo patrones completamente definidos.

E: Sí, entiendo.

S: Por lo tanto, la ley gravitatoria es una expresión inteligente y carente de acción volitiva propia. De la misma forma, y según la tradición oriental, los devas o agentes de acción asociados a su inmanente impulso inteligente, controlan y operan todas las funciones naturales que van desde las posibles acomodaciones cristalinas que operan en las moléculas, pasando por la inteligencia que se impone a un hábito en permanecer, hasta los grandes procesos espirituales.

Bajo la descripción religiosa, filosófica y científica de la tradición hindú, la creencia en los devas implica la aceptación de un orden inteligente, inmanente y universal, carente de sentido de voluntad propia. Mientras los devas son la expresión inteligente y ordenada que rige el universo, las gunas son la substancia material e ideal con la cual se conforma el mismo universo. Desde el modelo cosmogónico hindú, tú eres la suma de devas que controlan ordenadamente tus funciones fisiológicas, asociada a devas energéticos que modelan la absorción de energía del ambiente, y entremezclada con devas mentales que estructuran tu mente y funciones ideales. La interrelación de toda actividad está direccionada por el karma. A la vez, la materia, la substancia o la energía que en cada mundo se expresa no son más que modalidades de gunas, cualidades de materia, que se entremezclan las unas a las otras.

1  El mundo dévico corresponde al conjunto de entidades inteligentes que, a la luz de la tradición hindú, evolucionan desde los elementales menores a los grandes Dioses. La línea humana, a diferencia de la dévica, posee el don de la identificación con la acción y, por ende, la creencia de una voluntad propia. Por ello, erradicando el sentido del “yo”, la línea humana puede lograr la liberación de maya en cualquier momento. En cambio, los Dioses han de permanecer desde el inicio a la disolución del universo a cambio de poseer una naturaleza sátvica (equilibrada) e imposibilidad de identificación egoica.