En el proceso de la Meditación se diluye el “yo”

En el proceso de la Meditación se diluye el “yo”

Para el advaita, la Conciencia no es una condición personal ni posee esencialmente una naturaleza personal. Hay una visión errónea inducida por la presunción de que en los procesos meditativos es “mi” conciencia personal la que se expande, eventualmente hasta el infinito, y esto no es así. Esto implica de base una perspectiva primaria y egocéntrica en la medida que situamos al “yo” como eje central de la cognición, cuando lo que realmente ocurre es que la Conciencia, siendo ya en sí misma un infinito, un continuo sin límite, goza de la propiedad de manifestarse de forma “independiente-individual”, tal como lo hace una ola al diferenciarse aparentemente del mar que la constituye. Sin embargo, la ola nunca deja de pertenecer al mar que la acuna, a ese inmenso material de agua que puede asumir ilimitadas formas sin dejar de ser lo que siempre ha sido: mar.

Esta nueva definición de la Conciencia, como una entidad continua, implica un giro copernicano en el análisis de la cognición. Por ilustrarlo con un ejemplo, diremos que mientras se sueña puede haber diversos personajes soñados. Cada uno de ellos asume como válida su existencia y conciencia individual y no son más que una proyección de la conciencia del soñador. La visión que tenemos en el advaita de la Conciencia se asimila más a la que evoca el ejemplo. De tal manera, el advaita asume que el samadhi no puede ser el resultado de una obtención personal ni tampoco mantiene el sentido de lo “mío”. Tampoco “mi” conciencia se expande para captar aquello que se considera lo Real.

En el proceso de la Meditación se deshace lo que induce a suponer a la Conciencia como un ente limitado; se desvanece la actividad que interpone unos falsos límites en la mente y que impiden la percepción total. Desaparece en la cognición la ilusoria magia que hace ver al constructo continuo y absoluto de la Conciencia como aparentemente individual, se diluye el “yo”.