El tránsito a la Concentración Exterior

El tránsito a la Concentración Exterior

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Normalmente es el desenlace de la propia estabilidad de la Observación Exterior. En verdad, la Concentración Exterior es una experiencia muy grata aunque un tanto extraña para quien aún no se acostumbra a ella. Algo novedoso y significativo es el reconocimiento del estado mismo, pues en la Observación Exterior la atención está íntegramente situada en los objetos y no hay reconocimiento personal del evento.

En cambio, en la Concentración Exterior, la naturaleza consciente del objeto mismo se reconoce a sí misma. Es algo loco pero maravilloso. El objeto se da cuenta de su propia existencia, pero dicho proceso consciente conlleva una experiencia No-dual. El resultado es la percepción del mundo mediante un agente activo que no se encuentra en ningún lugar en especial de la percepción. Es como si un espejo que te mira se diese cuenta del reflejo y de él mismo. El objeto sigue siendo objeto pero surge asociado a él un sentido de ser sujeto.

Se parece mucho a un pedazo de imán, por ejemplo de los que usan las neveras para realizar el sellado de sus puertas. Este imán es una tira larga cuya cara posee una carga eléctrica y por su otra cara la carga contraria. Puedes sacar un trozo de cualquiera de las caras y notarás que en sus extremos aparecen nuevamente las dos polaridades. Este juego maravilloso de tener una zona con una polaridad y, al retirar la fracción, notar que surgen dos cargas, es similar al proceso del paso de la Observación Exterior a la Concentración Exterior.