El sistema de castas

El sistema de castas

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Se dice que hace mucho, mucho tiempo, se daba la posibilidad de encarnar con un dharma absolutamente definido para que las personas así encarnadas reconocieran en su modalidad de vida una expresión de responsabilidad hacia su propio dharma. Así se estableció en India, por tradición, el sistema de castas: los brahmanes, los kchatryas, los vayshas y los sudras, esto es, los sacerdotes, los guerreros, los comerciantes y los sirvientes, respectivamente, junto con los parias o descastados.

Lo esencial en sí de este planteamiento no es la división de las castas, sino la aceptación que se ha de tener con respecto al propio karma. Cada quién no tiene otra opción que afrontar aquello que por naturaleza su prarabdha karma le manifiesta. Es una premisa fundamental, en este sentido, que cualquier miembro de cualquier casta puede ser sanyasin, que el conocimiento de sí mismo es accesible de forma en principio universal.

A medida que pasa el tiempo y el dharma se ve oscurecido por el adharma, por la ignorancia, es decir, a medida que la efectividad del dharma no opera en su totalidad porque la época no da para ello, se dice que aparece la confusión de castas, pero lo que realmente ocurre es que ha aparecido la falta de discernimiento para aceptar que el propio dharma conduce a la liberación.

Si el brahman cumple su propio dharma, logra la liberación; si el sudra cumple su propio dharma, también logra el conocimiento de sí mismo. ¿Por qué? Porque al responder constantemente al presente que está aconteciendo no se formula en su mente la condición de responder a un presente inventado, fantaseado. Finalmente lo que se plantea es la recta condición de reaccionar ante un presente que por prarabdha karma debe realizarse, sin importar en cuál de las castas se sitúe la persona.

Cuando esa persona, a través de la representación de lo que ella misma hace en su propia vida, logra el autoconocimiento, puede realizar los votos de sanyasin, puede tomar la túnica de color azafrán y el cuenco para pedir limosna. En ese momento cesa su responsabilidad para con el mundo y el mundo adopta una responsabilidad para con él. Por esa razón él puede pedir alimentos sin ningún conflicto, porque así como él alimentó al mundo con su recta acción, ahora el mundo lo alimenta a través de la recta acción de los merecimientos que él ha generado.