El presente

El presente

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Cuando un individuo despersonaliza su acción no evita la realización de la misma, sino que simplemente la realiza sin que exista un actor. A dicha forma de actuar es a lo que el Advaita denomina presente. Las personas suelen creer estar en el presente cuando dicen “veo un árbol” o cuando afirman “me rasco el codo”. Ninguna de esas dos acciones es presente puro mientras exista sentido de adueñamiento, de propiedad de dicha acción por el actor que la realiza.

Para aclarar estos conceptos vamos a analizar un ejemplo. Muchas veces el lector habrá visto una película lo suficientemente interesante para abstraerse en ella. Solemos denominar a este suceso como “estar concentrado”. Cuando nos concentramos en una película, la atención es tan intensa que ningún evento fuera del campo visual y auditivo que se establece se advierte. Pero ocurre algo aún más interesante, y es que no advertimos que la estamos viendo. Cuando nos concentramos no nos damos cuenta que lo hacemos, esto es, nos despersonalizamos al estar profundamente atentos. Despersonalizar no es destruir la identidad individual, es simplemente reaccionar sin quien reaccione.

El presente requiere de la despersonalización de la acción, pero no requiere de la destrucción de la individualidad. La razón de esto es que la conciencia se asocia a la mente, pero no es parte de ella. La conciencia se parece al hierro enrojecido por el calor, circunstancia ante la que afirmamos: “el hierro está al rojo vivo”. El hierro se asocia al calor y se enrojece por su actividad, como la conciencia se asocia a la mente. Sin embargo, pareciera que el calor es una cualidad del hierro, al igual que se cree que la conciencia es una cualidad de la mente.