El mundo dual está ligado por las repercusiones kármicas

El mundo dual está ligado por las repercusiones kármicas

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Una acción produce karma cuando es realizada bajo dos circunstancias: sentido de pertenencia o egoencia en la acción y apetencia del resultado de la acción. Por lo tanto, lo que relaciona causa y efecto no es una caracterización moral sino la identificación por el fruto de la acción y todo acto realizado con cualquier mira egoísta.

Existe la posibilidad de realizar cualquier tipo de acción física o mental sin generar karma. A esta forma excepcional de actuación de un sujeto le denominamos dharma. La permanente acción dhármica reestructura la forma de cognición del actor llevándolo a una nueva percepción de la realidad, donde la condición dual se desdibuja y nacen diversos estados de conciencia cuyo culmen es la No-dualidad. Para experimentar la cognición No-dual es prerrequisito desalojar el sentido del “yo” de la cognición. Desalojar el sentido del “yo” de la cognición no implica la disolución de la realidad dual, sino una nueva interpretación de lo existente a la luz de los nuevos estados de conciencia que aparecen. Dichos estados de conciencia que emergen ante la disolución de la naturaleza egoica son: Observación, Concentración y Meditación.

En los mundos duales kármicos no hay libertad de acción ni libre albedrío, pues las consecuencias quedan implícitas en las acciones mismas que realizamos y sumergidas en la espera de un futuro marco temporo-espacial para emerger. En los mundos kármicos la fuerza de voluntad del sujeto no puede cambiar las consecuencias que deben acontecer por karma. En los mundos akármicos, esto es sin karma, no existe un sujeto tal como te reconoces a ti mismo mientras piensas; allí la relación sujeto-objeto no se establece como normalmente sueles ver e interpretar el mundo.