El inconsciente

El inconsciente

  • Categoría de la entrada:Sin categorizar

Según sea la intensidad de la Concentración Interior, finalmente se llega a la insondable frontera cognitiva donde el inconsciente se abre paso. El inconsciente y toda función instintiva que este produzca levemente se insinúan ahora. La integración completa que requiere la mente para saltar a la Meditación Interior hace necesario que el inconsciente se haga consciente.

El practicante notará entonces un miedo extraño, un temor exacerbado. Normalmente la mente se resistirá a diluirse por completo y buscará a toda costa su supervivencia como unidad independiente. Entonces se advertirá miedo a dejar de ser, a dejar de existir. Allí, en la inmensidad interior y sin poder pedir ayuda a nadie, el practicante deberá saltar al vacío insondable de la pérdida de control. Sus rasgos más instintivos, que protegen la permanencia de la individualidad, harán saltar las alarmas interiores y tratarán a toda costa de impedir el suceso.

Es en este instante donde el meditador debe permitir que la disolución total acontezca y para ello no debe hacer absolutamente nada. Si, por el contrario, da cabida al temor en cualquiera de sus presentaciones, entonces el estado decaerá a la Observación Interior o simplemente regresará a la imaginación y a la fantasía propias del estado de Pensamiento.

Pero si, lleno del valor que infunde comprender en verdad que se es infinito, se ofrece a la oportunidad de saltar al abismo que se entreabre en la interioridad y, sin importar las consecuencias que ello genere, se entrega dejando que se extingan los más recónditos vestigios del sentido de individualidad, entonces la naturaleza le premiará con el inestimable don de la Meditación. Finalmente será testigo de la audacia de lo absoluto y de cómo cada parte es a la vez suma de un todo sin límite alguno. Aquí inicia el terreno de la Meditación Interior, el más oscuro arcano, la experiencia más maravillosa y fuente de la comprensión de toda realidad.