Dualidad, evolución y ciencia

Dualidad, evolución y ciencia

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El problema de la percepción dual es que está segmentada, generando intervalos. La aparición de intervalos en la cognición, tal y como está dispuesta en nuestro proceso epistémico, ese aparecer y desaparecer de objetos, ese modo dialéctico en el que nacen y mueren eventos, ese intervalo racional de pensamientos lo que termina generando son constantes inquietudes respecto a lo que realmente se puede conocer y lo que es real de aquello que se conoció.

La aparición de intervalos en la cognición del ser humano, habitualmente asociada al estado de Pensamiento, determina la presencia, refiriéndonos al mundo interior, de toda una suerte de pensamientos, sentimientos, emociones y pasiones, es decir, un cúmulo de circunstancias cognitivas diferentes unas de otras, de modo y manera que indefectiblemente terminamos preguntándonos sobre el origen de ellas, su raíz, su génesis, de dónde vienen y hacia dónde van. Es así como terminamos por desarrollar teorías evolucionistas. Y es que es lógico preguntarse dónde se inició la dichosa segmentación, y buscamos el segmento inicial, el segmento primario, al que en la física se llama “Big Bang”. Ahora, si se cuestiona por el segmento previo al Big Bang, la cosa ya se complica y terminamos siempre abocándonos a paradojas irresolubles.

La presencia de la segmentación en la percepción crea el sentido de cambio, de modificación y, por tanto, crea el sentido de evolución, y así hace que necesariamente aparezcan paradigmas asociados a esta forma segmentada de percepción. Todo ello se ilustra en Occidente con la aparición de diferentes escuelas de pensamiento y órdenes de disciplinas académicas y científicas que se sustentan en un axioma básico, esto es, en una verdad por principio que se supone que no necesita ser demostrada: la de que los objetos existen por sí mismos. Según esta visión, los objetos no dependen de quien los conoce para existir, sino que existen por sí mismos. A esta condición filosófica se la llamó “realismo” y está sustentada por el planteamiento de Aristóteles, razón por la que la ciencia es una vía de expresión altamente aristotélica.

Fue precisamente este axioma esencial, el de que los objetos existen por sí mismos, el que comenzó a tambalearse con la aparición de la física cuántica y su demostración de que los objetos no existen exclusivamente por sí mismos sino que hay una intervención de quien los observa. Comenzaron así a resquebrajarse principios como el de la velocidad de la luz como límite del paso de información y la segunda ley de la termodinámica. Aparecieron otros análisis como el principio de incertidumbre y el concepto de “simultaneidad”, tanto temporal como espacial. Y es ahí donde comienzan a detectarse altas y sorprendentes similitudes entre algunos de los planteamientos de la física cuántica y algunas de las ideas asociadas al concepto de la No-dualidad.