Diferencia entre el deseo y la entrega

Diferencia entre el deseo y la entrega

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Estudiante: Sinceramente deseo aquietar la mente, pero ¡es imposible…!

Sesha: El desearlo no es suficiente. El deseo es igual de transitorio y momentáneo como la mente misma. La quietud mental no se logra deseándola porque el deseo no tiene la fuerza presencial de la comprensión; el deseo es tan solo una momentánea forma de actividad mental.

Estudiante: Entonces, ¿los deseos se deshacen?

Sesha: Evidentemente. ¿Tú has logrado alguna vez estar atenta a la atención? ¿Has notado la intensidad que se vive en esos instantes? Semejante experiencia cobra espontáneamente visos de continuidad, razón por la cual es una experiencia inimitable por la mente.

El deseo, en cambio, solamente cobija la intensidad del instante en donde ocurre pero, por ser deseo, siempre es momentáneo, siempre lleva implícito en sí la existencia de alguien que desea. Así, entonces, el deseo va acompañado de quien desea. Finalmente el que desea, al identificarse con el deseo, acaba sintiéndose alegre o triste.

Hay, en cambio, actividades mentales como el acto de la entrega, donde la momentaneidad no ocurre. La entrega es una forma mucho más madura del sentir. No posee la puntualidad del sentimiento, sino que su naturaleza abarca una continuidad mayor. Por ello, en los estados superiores de percepción como la Observación, la Concentración y especialmente en la Meditación, la entrega es una forma natural, viva y completamente presente de actividad mental continua.

Experimentar sensaciones continuas no es propio de la mente racional que opera en los estados normales y frecuentes en los que el ser humano percibe. La perdurabilidad que impera en los estados superiores otorga a la mente un sentido de continuidad que ofrece una viveza especial e inconfesable, un tenor de viveza que puede resumirse como “entrega”. Y de toda entrega, la entrega del yo, su cesación, es la que mayormente favorece la actividad de la entrega final. Por ello en la entrega no opera la sensación de soledad, ni de vacío, sino la quieta alegría sin objeto. Porque no hay quien esté solo, no hay quien se sienta vacío, pues no hay un yo que lo pregunte ni experimente.

En la vida cotidiana, como en la tuya por ejemplo, una profunda trascendencia mental va acompañada posteriormente de intrascendencia mental, es solo cuestión de tiempo. Todo es cambiante y nada te llena completamente. Mientras en tu vida cotidiana exista ese continuo cambio, esa bipolaridad de procesos metafísicos y psicológicos, muy seguramente en el mundo interior habrá caos y un pensamiento sucederá al siguiente sin orden alguno.

Estudiante: No soy muy diestra en el mundo; allí me asaltan temores.

Sesha: Tal vez la no vivencia del mundo metafísico lleva al cansancio de buscar o a la futilidad de encontrar o a la soledad por no haber llegado al encuentro con la realidad.

Ese cansancio en tu búsqueda seguramente lo estás trasladando a la práctica interior. Tu práctica interior es tan solo el reflejo de tu vida cotidiana; tiene que ser así, no podría ser de otra manera. Entonces, observa tu vida, mira lo que en ella está pasando, corrígelo y tu práctica interior será más tranquila, con menos pensamientos.