El deber natural con el que debe ser realizada la acción

El deber natural con el que debe ser realizada la acción

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“El señor del mundo no engendra la idea de actividad (karma) ni las acciones ni el nexo entre la acción y el fruto de la acción. Tan solo se manifiesta la naturaleza”1.

Por ello, la única forma de obviar la presencia del karma es impidiendo el flujo de causalidad entre acción y actor. Dicho encadenamiento lo provee el “yo” al realizar como actor la acción con impulso volitivo.

La única opción inteligente para evitar una y otra vez convertir la consecuencia de la acción en causa de otra y evitar así el inútil samsara es aprender a reaccionar con neutralidad ante el presente. La neutralidad consiste en realizar la acción con destreza, de forma aséptica, esto es, realizar la acción sin quien la realice y, sin embargo, no realizándola, que sí exista acción.

Quien ve la inacción en la acción y la acción en la inacción es sabio entre los hombres, y en armonía permanece mientras ejecuta toda acción”2.

La acción sí debe realizarse, pero no debe haber realizador. A su vez, sí debe haber realizador pero no debe haber acción que realizar. Este galimatías de conceptos es la base de una inmensa sabiduría que libera a la acción y al ejecutante del peso moral.

Gran parte de la cultura occidental busca presurosamente encontrar el “valor justo” que se acomoda a cada acto y, para ello, enuncia una serie de “acciones guía”, las cuales sirven como ejemplo de vida a todo individuo. Sin embargo, estos clásicos de la acción son tan relativos e inestables que se opta por modelos culturales o grupales que adolecen de universalidad. El grupo de individuos sobre el cual pueden servir de ejemplo los “modelos de valor” varían, pudiendo ser desde uno a miles o millones, pero jamás pueden aplicarse sobre el conjunto universal de personas.

El Advaita resuelve definitivamente el dilema planteando, tal como se ha dicho, un enfoque totalmente distinto a la cuestión moral y ética: lo que plantea como elemento clave en la acción es que el sujeto experimentador de la acción puede o no identificarse con ella. Si existe identificación o intencionalidad por parte del actor, ya sea en forma de apetencia del resultado o de sensación de pertenencia, el experimentador aparece ligado no solamente con la acción que realiza, sino también con su consecuencia. Una vez más: es esta relación causa-efecto inducida por la identificación del actor con la acción la que se denomina karma. A su vez, la realización de la acción sin identificación, es decir, sin buscar fruto y sin crear actividad egoística en la acción, no genera ligadura de efecto con la causa, situación que libera al experimentador de la carga psicológica de buscar resultados, y crea un ambiente libre donde la consecuencia aparecerá por sí misma debido a su propia actividad natural e inteligente de asociación. Realizar la acción de manera inegoista y solo por la acción en sí, sin la búsqueda del resultado, se denomina dharma, el deber natural con el que debe ser realizada la acción.

1 Baghavad Gita, V, 14.
2Baghavad Gita, IV, 18.