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Entrevista revista Verdemente, abril 2005

Meditación y Vedanta Advaita

VERDEMENTE: ¿Cuáles son los orígenes de el Vedanta Advaita?

SESHA: El Vedanta —término que significa literalmente «el fin de los Vedas»—, es la denominación que recibe el principal sistema metafísico de la India. A su vez, Vedas —voz derivada de la raíz sánscrita «ved», que significa «conocer» o «Real Saber»— es el nombre que reciben las primeras y más sagradas escrituras indoeuropeas. Así, el Vedanta representa la culminación metafísica o la cúspide del Real Saber originado en la India en épocas inmemoriales.

Lo fundamental del sistema Vedanta está conformado por la confluencia de los Upanishads (que constituyen la vertiente más filosófica de los Vedas) con los Brahma Sutras o Vedanta Sutras (aforismos atribuidos a Sri Ved Vyasa) y con el Bagavad Guita (atribuido asimismo a Vyasa y que forma parte de la epopeya del Mahabharata).

El Vedanta presenta tres escuelas con diferentes matices. Hablaremos en este artículo de la escuela advaita o No-dualista, cuya enseñanza fundamental afirma que el individuo es no-diferente del Absoluto No-dual (Brahman). Su sistematización se debe básicamente a Sri Sankara Acharya y sus discípulos.

V: ¿Cuál es la auténtica naturaleza de la Realidad, según el Vedanta Advaita?

S: Permítame que se lo evoque mediante una historia:

Cuenta la tradición que había una vez un rey llamado Yanaka que era muy justo y sabio. Todos sus súbditos lo amaban, pues siempre pensaba en ellos antes que en él mismo. Todas las personas que vivían en aquel reino prosperaban, todos los proyectos que allí se desarrollaban eran exitosos; inclusive parecía que la naturaleza fuera especialmente benigna en aquel lugar, de modo que todo fructificaba más en ese reino que en los vecinos.

Era costumbre que todos aquellos que deseaban educarse en el camino del conocimiento de sí mismos acudieran a la corte del rey Yanaka.

Un joven llamado Asthavaku fue llevado allí por su padre para que aprendiese de los maestros el camino del autoconocimiento. Asthavaku estudio muchos años en la corte con los maestros más famosos del reino, y después regresó a su casa. A su llegada, su padre le preguntó si realmente había conocido la esencia de todas las cosas. Asthavaku contestó afirmativamente, pues los maestros le habían enseñado la esencia real del porqué de todas las cosas y le habían instruido acerca de qué es Aquello que subyace en todo cuanto existe.

Dicho lo anterior, su padre preguntó:

—Hijo, ¿cuál es la esencia de este árbol que se encuentra a mi lado?

Asthavaku se acercó al árbol, tomó uno de sus frutos, lo partió y tomando una semilla dijo:

—Esta semilla es la esencia de este árbol, es la esencia de este majestuoso frutal. Esta semilla es a la vez la esencia que con el tiempo fructificará en miles de árboles más que, a su vez, generarán miles de frutos adicionales. Será semilla del lugar en que harán nido y habitarán innumerables aves e infinidad de insectos. Gracias a la progenie de esta semilla saciaremos el hambre de innumerables personas; con su leña podremos protegernos del frío y refugiarnos cálidamente en nuestros hogares. Esta semilla es, además de ella misma, infinidad de cosas más en el futuro.

Luego de escucharlo atentamente, su padre le preguntó nuevamente:

— ¿Y cuál es la esencia de la semilla?

Tras meditarlo unos instantes, y sin saber qué contestar, Asthavaku respondió que no lo sabía, que eso no se lo habían enseñado. Y por el respeto que se suele tener en India a los padres, Asthavaku le rogó a su padre diciendo:

— Por favor enséñamelo tú, si acaso tienes la respuesta.

De tal manera que su padre le respondió:

— Toma la semilla entre tus dedos y ábrela.

Asthavaku hizo lo que su padre le pedía y abrió la semilla que se despedazo en varias partes.

— ¿Qué ves dentro de ella? —prosiguió el padre.

— No veo nada —repuso perplejo Ashtavaku.

—Pues ésa es la esencia de todo —le dijo entonces su padre—. Es la esencia de la semilla, es la esencia de los árboles y es la esencia de todas las cosas que fructificarán algún día. Esa es la esencia de todo aquello que ha existido, existe y existirá. Y esa esencia es Nada.

A esa Nada que describe esta historia se la ha denominado de muchas maneras. Algunos le colocan el nombre de Dios, otros le asignan el del Tao y otros más la califican de iluminación, suponiendo que gracias a ella algún día descubrirán la razón de ser del porqué de todas las cosas y la razón de ser de su propio entendimiento.

El Vedanta, para enseñarlo, para crear una pedagogía, para crear un sistema a través del cual Aquello pueda ser accesible y entendible, denomina No-dualidad a la forma en que esa Nada se revela cognitivamente al ser humano. Esa Nada es la razón de ser de todas las cosas, es el porqué de todo cuanto existe y, aunque está en todo, no puede ser nunca apresada, no puede ser entendida dialécticamente, aunque sí puede ser experimentada.

V: ¡No puede ser entendida pero sí experimentada! ¿Qué quiere decir?

S: Esa Nada, esa razón de ser de todo, esa esencia que existe más allá de todas las cosas, a la cual todos los santos adoran, por la que se han cantado infinidad de himnos, Eso que no hay quien no reverencie si alguna vez ha llegado tan siquiera a rozar su aroma, se torna inapresable, inabarcable, impensable a la mente... la mente no puede ni tan siquiera imaginarla. Sin embargo, todos los que la han vivido saben y cuentan que es experimentable o, más precisamente, que es vivenciable, pues el Ser-Conciencia-Bienaventuranza Absolutas que somos es exactamente de la misma naturaleza que esa Nada. A eso es a lo que alude el concepto de No-dualidad; es decir, No-dualidad apela a que somos no-diferentes a Eso, y el Vedanta lo expresa de forma resumida afirmando que «el individuo es no-diferente del Absoluto».

La apreciación de la No-dualidad es una cognición altamente intensa. No se parece a nada que ustedes conozcan, no existe algo que ustedes conozcan y que se parezca a Eso. Ustedes pueden conocer la intensidad de, por ejemplo, un amanecer o un atardecer, o de un inmenso cielo estrellado que despliega la Vía Láctea, y pueden quedar arrobados por ello y fundidos en aquello que están percibiendo, o pueden permanecer arrobados en una experiencia interior o en una experiencia sensoria, o pueden estar sumergidos en un orgasmo... Puede que conozcan cualquiera de esos tipos de actos, el más intenso que ustedes puedan imaginar o el más intenso que sean capaces de sostener o de aguantar... y, sin embargo, el más intenso de todos esos actos no es ni siquiera un breve vislumbre de lo que es la No-dualidad, porque la No-dualidad es Puro Conocer y, a la vez, Puro Conocer-Se. Sí, así es. Por eso es inimaginable.

V: ¿Cómo podemos, entonces, hablar de esa Nada? ¿Cómo se puede transmitir o enseñar?

S: La cuestión es: ¿Qué es Eso? ¿Qué es Eso que hay que encontrar? ¿Qué es Eso que cura todos los males? ¿Qué es Eso que acalla todas las penas? ¿Qué es Eso que, por su simpleza, puede explicar lo más complejo; y, por su complejidad, no puede ser entendido?

Esa Esencia Primaria desborda absolutamente la posibilidad de la mente, es totalmente imposible pensarla o tan siquiera imaginarla. Sin embargo, tiene modos de ser vivenciada, hay maneras de encontrarse uno con ella, hay vías para ello. El principal canal, la principal vía que la tradición Vedanta reconoce, y a través de la cual es posible realizar tan sublime vivencia, se denomina Meditación.

N: ¿Y cuál es la técnica de meditación del Vedanta Advaita? ¿En qué se parece o difiere del Zen o del Vipassana u otras técnicas meditativas?

S: Esa pregunta delata un error muy usual; y le agradezco mucho que haya efectuado la pregunta, pues de este modo podré aclarar este error de conceptualización tan típico. Permítame que le explique: Meditar no es una técnica. Se emplean técnicas para facilitar o ayudar a educar la mente, pero el hecho de meditar, es decir, la meditación en sí, no es en absoluto una técnica.

Meditar es entregarse. Hay un momento donde la percepción interior en el Presente es una actitud de entrega. Yo pasé años experimentando si meditar era esto o era aquello, si es mirando para acá, si es mirando para allá, agachado o así o asá. Porque creía que tenía que haber algo que yo no sabía, que faltaba la técnica... y eso es mentira. Eso llega sin saber cómo ni porqué, y así igual se va. Pero es una actitud de entrega interior. Es una actitud de Presente. Es una actitud tan limpia, tan limpia a nivel interior que no hay el más mínimo esfuerzo psicológico. Eso es Meditación.

La Meditación es la apreciación interior sin el más mínimo esfuerzo psicológico. Es la ausencia total de esfuerzo psicológico. Eso es meditar. Es estar allí y sólo estar. Sólo estar. Solamente eso. Pero no es estar mentalmente allí... es entregarse mentalmente allí. Es no apetecer nada, no querer nada, no querer situarse respecto a nada, ni siquiera sobre sí mismo.

Y así es que, a veces, las personas, cuando llegan a Aquello lo logran por desesperación. Porque haciendo algo no se llega. Dejando de hacer algo, tampoco. Es un estado que emerge espontáneamente. Es un acto de entrega. Es un acto de entrega divina. Es un acto de entrega interior. Es como decir a la naturaleza, a la vida, que ella es más sabia que nosotros y que ella nos lleve. Que ella sabe más que nosotros... entonces, que ella nos enseñe. Meditar es un acto de entrega puro, in-egoísta, limpio. Entonces, Aquello ama y se ama a Sí Mismo, y conoce y conoce a Sí Mismo, y se da cuenta que existe y existe en Sí Mismo. Y eso es, entonces, meditar.

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